El
maltrato infantil es un hecho que lleva con nosotros desde tiempos
inmemoriables, y puede ser porque se haya normalizado hasta tal punto
de hacerlo invisible, o casi invisible, a los ojos de la población
en general (siempre hay un grupo de personas que están al tanto de
ello y, o bien luchan por cambiarlo, o ayudan a que se siga
concibiendo como algo aceptable). Esta invisibilidad no surge de la
nada, sino que, ha sido y es provocada por cantidad de personas
(adultas) e instituciones sociales que de una manera u otra sacan
algún partido de ella, olvidándose de las nefastas repercusiones
que pueden tener en estos niños y por consiguiente, en su propia
comunidad y sociedad.
Es
un tema que me preocupa y del cual voy creando una opinión personal
(quizá muy radical, ya veremos) en base a la reflexión que me causa
conocer casos de maltrato infantil, lecturas diversas sobre la
temática, estar al día de los magníficos comunicados que se hacen
desde los medios de comunicación en cuanto a infancia se refiere, y
sobre todo, después de saber de la existencia de los Derechos del
Niño. Sí, aunque no lo parezca, existe la Declaración de los
Derechos del Niño y La Convención de los Derechos del Niño, y para
sorpresa de todos, son a nivel internacional!
Todo
esto me provoca sentimientos diversos de rabia, frustración,
tristeza y fuerza. Nunca entenderé cómo podemos ser tan
inconscientes de hacer daño a personas (son niños y personas)
vulnerables, con necesidades específicas, y sobre todo, con tanto
aprendizaje por delante y tanto camino que recorrer, que en lugar
ayudar y apoyarles en su desarrollo, les prohibimos desarrollarse
como se merecen, les robamos su libertad. Aún así, la sensación de
lucha y necesidad de cambio hacen que estas situaciones tengan algo
“positivo” ya que motiva a incidir en la temática.
No
puedo seguir escribiendo más sin antes dejar claro que entiendo
maltrato infantil como cualquier conducta, pensamiento, o creencia
que vulnera los derechos de las personas en edad infantil. Dicho
maltrato puede ser físico, psicológico o social, en función de
cómo se produzca. El físico lo relaciono con las diversas
agresiones físicas que pueden ejercer los mayores hacia los peques y
la negación de cobertura de necesidades básicas; lo psicológicos a
toda acción que repercuta negativamente en su desarrollo
cognitivo-emocional (no olvidemos, una mala palabra, o un mal gesto,
pueden hacer mucho daño); y social con la ineficacia de los recursos
sociocomunitarios que se utilizan para discriminar, infravalorar, y
atacar, creando sentimientos despectivos generalizados, hacia esta
población.
Hablar
de esta situación horrible no está bien si sólo se critican estos
actos, en realidad está feo si no se aportan posibles acciones para
mejorarla o hasta incluso erradicarla. Es por ello por lo que creo
firmemente en la necesidad de crear educación dirigida a menores,
padres, madres, abuelos... en definitiva, a todas las personas. Esta
educación, desarrollada principalmente desde la Educación Social y por tanto desde la figura profesional del Educador Social, se basa en el principio base de prevención a través de
la cual podemos conseguir que todos, sobre todo niños y familias, se
hagan cargo de la situación real de este fenómeno para poder
paliarlo y solventarlo (aunque suene mal es un problema y un mal
social existente). De esta manera se extrapolará a contextos
sociales, y en concreto, a los medios de comunicación ya que son
ellos (apoyados por su público, obviamente) los que manipulan,
discriminan y hacen un uso indebido de este colectivo: puede ser
gracioso y entretenido ver a niños cantar, bailar, actuar... en
dichos medios, pero no dejan de ser concebidos, socialmente, como
monos de feria y como un divertimento para casi todos (son personas y
mucho más, no tienen por qué tener desarrolladas habilidades como
la toma de decisiones para poder elegir estar ahí de manera
voluntaria y responsable atendiendo a las consecuencias que pueden
tener).
Esta
educación está orientada al fin último de conseguir con un
reconocimiento positivo y una consciencia generalizada de todos de lo
importante que es conocer sus necesidades, apoyar, facilitar, y
fomentar un adecuado desarrollo y evolución de estos niños, los
cuales son el futuro de todo, son ellos quienes aprenderán,
cambiarán las cosas, las mejorarán... en definitiva, son personas
con un potencial por descubrir y no podemos seguir parándolo,
manipulándolo o destrozándolo.
Además de hablar de maltrato infantil quería comentar algún aspecto de otro fenómeno relacionado con menores y es el relacionado con la violencia entre iguales, entre este colectivo infanto-juvenil.
Día a Día es más común encontrarnos con casos de este tipo (dejo claro que no es algo novedoso sino, que es algo que se ha empezado a visibilizar desde no hace tanto tiempo). Aunque se crea lo contrario, niños y jóvenes son personas, con necesidades, capacidades, habilidades y muchas otras características más, y que como todos, tienen que desarrollarse, crecer, evolucionar, avanzar...el pilar básico de éstos está en la interacción con los otros, y como no, con sus iguales (no se puede negar esta interrelación, el ser humano es un ser social por naturaleza). En dichas relaciones sociales pueden darse situaciones de acoso, abuso, maltrato, de diversa índole y por distintas razones. La clave está en prevenirlo y puede hacerse desde la Educación Social de manera que se fomenten las habilidades de autonomía personal y social de cada individuo, a nivel personal, familiar, escolar y sociocomunitario. Así como la creación, fomento y expansión de recursos destinados a la prevención, e intervención en dicho ámbito y la formación de profesionales como personal docente de los centros educativos, familias y comunidad.
En resumidas cuentas, la Educación es un recurso, uno de los mejores me atrevo a decir, pero no sólo la educación de la escuela (como suele entenderse) sino la educación social, la que va orientada a fomentar el desarrollo personal de los sujetos, de la comunidad, del entorno; a la creación de recursos; a la innovación; y por supuesto a provocar cambios. Y a todos los niveles y ámbitos, ya sea en estos dos tratados en esta "pequeña reflexión" sobre maltrato infantil y la violencia entre iguales (menores), u otros.
Día a Día es más común encontrarnos con casos de este tipo (dejo claro que no es algo novedoso sino, que es algo que se ha empezado a visibilizar desde no hace tanto tiempo). Aunque se crea lo contrario, niños y jóvenes son personas, con necesidades, capacidades, habilidades y muchas otras características más, y que como todos, tienen que desarrollarse, crecer, evolucionar, avanzar...el pilar básico de éstos está en la interacción con los otros, y como no, con sus iguales (no se puede negar esta interrelación, el ser humano es un ser social por naturaleza). En dichas relaciones sociales pueden darse situaciones de acoso, abuso, maltrato, de diversa índole y por distintas razones. La clave está en prevenirlo y puede hacerse desde la Educación Social de manera que se fomenten las habilidades de autonomía personal y social de cada individuo, a nivel personal, familiar, escolar y sociocomunitario. Así como la creación, fomento y expansión de recursos destinados a la prevención, e intervención en dicho ámbito y la formación de profesionales como personal docente de los centros educativos, familias y comunidad.
En resumidas cuentas, la Educación es un recurso, uno de los mejores me atrevo a decir, pero no sólo la educación de la escuela (como suele entenderse) sino la educación social, la que va orientada a fomentar el desarrollo personal de los sujetos, de la comunidad, del entorno; a la creación de recursos; a la innovación; y por supuesto a provocar cambios. Y a todos los niveles y ámbitos, ya sea en estos dos tratados en esta "pequeña reflexión" sobre maltrato infantil y la violencia entre iguales (menores), u otros.